a

Un caso para leer detenidamente y hacerse el firme propósito de luchar incansablemente hasta conseguir el éxito.

aLa Historia de James Cramer:

aJames Cramer soñaba con manejar una cartera accionaria multimillionaria. El quería llegar a ser uno de los “grandes” en Wall Street.

aPor el momento, trabajaba como periodista en un periódico pequeño.

aDado que tiene cero dólares para invertir, James empieza a trabajar con una cartera de inversiones imaginaria.

aAl tiempo, él está gastando todo su tiempo libre estudiando el mercado accionario y sufriendo y gozando con sus inversiones imaginarias en las que millones de dólares inexistentes suben y bajan al ritmo de la bolsa.

aSu dedicación es tan absoluta que sus amigos empiezan a preguntar:

a”” “Qué le está pasando a James ?”

aJames está reinventando y creando nuevas teorías para aplicar en los mercados. Sin embargo, el Jefe de su Periódico no le permite escribir sobre sus particulares ideas (quién es él para hacerlo ?)

aJames no piensa darse por vencido, si debe probar la certeza de sus análisis aunque no se lo tome por “experto”, deberá demostrarlo de otro modo.

aTodos los días empieza a dejar en el mensaje grabado de su  contestadora telefónica un consejo bursátil para que lo escuche cualquiera que llame allí y, simultáneamente, comienza a difundir entre los que conoce que ofrece un “consejo gratis” para quienes lo llamen.

aA veces llaman telemarketers que quieren ofrecerle nuevos servicios, otras son sólo extraños que equivocaron el número.

aSus amigos son los que más sufren con esto: “James, Quijote, déjate de luchar contra los Molinos de Viento…ya me tienes cansado de oir tu opinión bursátil cada vez que te llamo. Si quieres que salgamos a cenar avísame pero, Por Favor !! deja ya de hacerte el tonto con ésto”

aCierto día, Martin Peretz, que desea contratar a James para que le haga una reseña de un libro para su Revista “Nueva República”, al llamarlo escucha el mensaje.

acon esto, decide seguir el consejo en su inversión del día. Los resultados que obtiene, hacen que Peretz se transforme en una visita diaria del mensaje grabado.

aCierto día, quién contesta el teléfono es el propio James y Peretz, tras la sorpresa inicial le dice: “Hola, me llamo Martin Peretz…he seguido sus consejos y han resultado mejores que los de mi Agente de Bolsa…ya me he convencido, quisiera Ud. manejar mi Portfolio de $ 500.000 de aquí en adelante ?”

aAclaremos desde ya que ésta no es una historia ficticia con personajes inexistentes que haya inventado Roy para hacer una película, todo lo contrario…James Cramer existe… Martin Peretz existe.

aJames Cramer, el hombre que empezó difundiendo sus ideas en la contestadora del teléfono de su casa hoy administra un Fondo de Inversiones de más de 200 millones de dólares.

aQuiere conocerlo ?

avenga, lo invito… por suerte, gracias a Internet, hoy puedo presentarle al propio James Cramer viva Ud. donde viva, sólo basta con que vaya al sitio de James en:

http://www.thestreet.com/

Por el mismo, pasan hoy día miles de inversionistas y se manejan millones de dólares. Allí verá el lugar que ocupa en la actualidad James en Wall Street.

aQuizás sus amigos tenían razón en lo que decían…sólo un idiota ocuparía su tiempo libre en investigar teorías de mercado y las dejaría gratis para que cualquiera las escuchase en su contestadora telefónica.

aRealmente un idiota…un idiota enfocado y duro como el diamante en sus convicciones y metas…un idiota capaz de dejar su vida en la búsqueda de sus objetivos, en síntesis… un idiota de 200 millones de dólares.

aDios !!! quisiera ser esa clase de idiota…”

aRoy H. Williams

aQué opinan de esto ? No le devuelve las ganas de seguir luchando y perseverando en SU IDEA y en SU PROYECTO aunque nadie más lo entienda o ayude ?

aLo invito a que idiotice su propia vida en la misma dirección de James Cramer…no ceda, no afloje, no se rinda !!!

aY si apenas tiene CERO DOLAR para empezar, sepa que se puede de todos modos -sólo tiene que descubrir cuál será la “contestadora” que utilizará en su caso-.

ahttp://mercadeoglobal.com